Revuelta en Chile – Cuna y tumba del neoliberalismo

Revuelta en Chile - Cuna y tumba del neoliberalismo

Todos los viernes se hace una manifestación en la Plaza Dignidad, el lugar conocido como Plaza Italia antes del 18 de octubre. Los guanacos, los cañones antidisturbios de Carabineros, intentan mantener a distancia a la multitud con gases lacrimógenos y gas pimienta. Generalmente, en vano. Nuevos actores sociales, ajenos a los partidos políticos y las instituciones, han aterrorizado a las élites chilenas. Ya no exigen tarifas bajas: exigen un nuevo modelo social.

Nadie había previsto esto. Ni siquiera quienes integran la izquierda radical, que viene de la resistencia armada contra la dictadura. Estos nuevos actores son llamados “flaites”. Es una palabra peyorativa, algo como un “lumpen”.

Frente a las violentas protestas de octubre, el presidente Sebastián Piñera habló de una “guerra”, impuso un toque de queda y desplegó a los militares en las calles. Pero a pesar de las numerosas muertes y los heridos, las protestas continúan. Las flaites no se preocupan por las regulaciones lingüísticas políticamente correctas, no son veganas y, aunque muchas mujeres están en las barricadas, tienen poco que ver con las feministas tradicionales. Aunque los medios los llaman “extremistas”, la clase media chilena no se ha distanciado. Los jóvenes luchan también por ellos, explica un ciudadano a los periodistas. En el país andino, la paciencia ha llegado a su fin.